Posted by : Viridiana Belikov ♠ domingo, 3 de junio de 2012


Recordaba lo que había hecho una y otra vez. Gota a gota, comenzaban a humedecerme la cara, y la tormenta se hacía más intensa. Tropecé con una reja y sólo caí de rodillas. Mire el cielo. Comencé a llorar, sí alguien me hubiese visto, no lo habría notado. Miraba mi pistola una y otra vez, inmóvil en el suelo. Recuerdo su expresión de horror y sus gritos atrapados en su garganta. Empecé a viajar por el tiempo en mi cabeza y me perdí en los recuerdos.

Solía trabajar en una oficina de seguros. Cuando comencé a trabajar en ese lugar, nadie conversaba conmigo, excepto ella. Su nombre era Paloma. Era una chica sencilla, un carisma inigualable y muy simpática; esbelta figura, de tez blanca caucásica, cabellera negra y de ojos grandes color café. Me parecía la mujer más hermosa que había visto en mi vida. Siempre que llegaba al trabajo ella era la primera en saludar. Me alegraba el día y siempre me subía la autoestima. Era muy hiperactiva y risueña.  Creo que era lo que más me gustaba de ella. Pero eso no eran más que un saludo normal y corriente. Con mis demás compañeros siempre está la mayoría del tiempo, charla con ellos de distintas cosas y sí apenas me incluye. Hay algunos días, en los que Paloma le sonreía de una manera muy distinta a un hombre. Y ese hombre era mi superior. Siempre me habían gustado sus sonrisas, pero cuando le sonreía a él, las odiaba.
Por más que intentaba que ella me viera de otra forma, termine comprendiendo que sí la trataba como una mierda, iba a querer estar conmigo. Pero como hacerlo. Ella es un amor de mujer, no podía hacerlo. Me era imposible. No podía soportar que mi superior la rechazara de tal forma. Ella siempre habría estado dispuesta a estar con él, sin importar más nada.  Creo que lo que hice, fue más por mi mismo que por ella.

Como yo solía salir tarde, nadie sospechaba lo que pasaría. Esa noche, Paloma también iba a quedarse hasta tarde para arreglar unos papeles. Entre a su oficina, sigiloso. La observe por un rato y decidí hacerlo. La abrace por detrás fuertemente. Ella gimió de la impresión y permaneció quieta. Inclino la cabeza hacia atrás y me miro; en su mirada pude notar, algo de asombro y terror. Movió su mano hacia mis brazos y con el tacto, mi piel se erizo. Creo que iba a decir algo, pero no se lo permití. Moví mis brazos con agilidad y bruscamente, tome su cuello entre ellos. La apreté con fuerza y ella comenzó a lloriquear y toser. Le planté un beso y aleje mi brazo de su cuello. Y de igual manera, saque mi arma con tal rapidez y la coloque en su cabeza. Paloma no podía hablar debido a que mi otro brazo seguía en su cuello. Sonidos raros provenían de su garganta, gritos de auxilio tal vez. Apreté el gatillo y mi camisa blanca se tiño de rojo. Vi la expresión de su rostro. Enmudecí. Ella estaba tirada en el suelo y yo me mantenía de pie mirándola. Totalmente inerte. No sé por cuando tiempo permanecí en la misma posición, hasta que por fin desperté de mi shock y me incline hacia Paloma. Acaricie su cabeza consecutivamente y la recargue contra la pared. Le di un beso en su mejilla y me dispuse a marcharme.

No tengo idea de cómo llegue a este callejón, sólo camine sin rumbo fijo, sumido en mis pensamientos. El cielo comprendía cómo me sentía. Lloraba por mí, por Paloma;  por lo que había hecho y por lo que iba a hacer. Sin basilar tome mi pistola y quede mirándola por unos momentos. Mire al cielo y dije: “Espérame Paloma, estaré ahí en poco tiempo.”

Coloque mi arma sobre mi cabeza, emboce una sonrisa y cerré los ojos. Mi trabajo había terminado.

Leave a Reply

Subscribe to Posts | Subscribe to Comments

¿En qué creo? En todo lo que vive y respira. ¿En qué creo? En lo que puedo ver. ¿En qué creo? En mí. - Frederica Bernkastel

Gritos atrapados


Recordaba lo que había hecho una y otra vez. Gota a gota, comenzaban a humedecerme la cara, y la tormenta se hacía más intensa. Tropecé con una reja y sólo caí de rodillas. Mire el cielo. Comencé a llorar, sí alguien me hubiese visto, no lo habría notado. Miraba mi pistola una y otra vez, inmóvil en el suelo. Recuerdo su expresión de horror y sus gritos atrapados en su garganta. Empecé a viajar por el tiempo en mi cabeza y me perdí en los recuerdos.

Solía trabajar en una oficina de seguros. Cuando comencé a trabajar en ese lugar, nadie conversaba conmigo, excepto ella. Su nombre era Paloma. Era una chica sencilla, un carisma inigualable y muy simpática; esbelta figura, de tez blanca caucásica, cabellera negra y de ojos grandes color café. Me parecía la mujer más hermosa que había visto en mi vida. Siempre que llegaba al trabajo ella era la primera en saludar. Me alegraba el día y siempre me subía la autoestima. Era muy hiperactiva y risueña.  Creo que era lo que más me gustaba de ella. Pero eso no eran más que un saludo normal y corriente. Con mis demás compañeros siempre está la mayoría del tiempo, charla con ellos de distintas cosas y sí apenas me incluye. Hay algunos días, en los que Paloma le sonreía de una manera muy distinta a un hombre. Y ese hombre era mi superior. Siempre me habían gustado sus sonrisas, pero cuando le sonreía a él, las odiaba.
Por más que intentaba que ella me viera de otra forma, termine comprendiendo que sí la trataba como una mierda, iba a querer estar conmigo. Pero como hacerlo. Ella es un amor de mujer, no podía hacerlo. Me era imposible. No podía soportar que mi superior la rechazara de tal forma. Ella siempre habría estado dispuesta a estar con él, sin importar más nada.  Creo que lo que hice, fue más por mi mismo que por ella.

Como yo solía salir tarde, nadie sospechaba lo que pasaría. Esa noche, Paloma también iba a quedarse hasta tarde para arreglar unos papeles. Entre a su oficina, sigiloso. La observe por un rato y decidí hacerlo. La abrace por detrás fuertemente. Ella gimió de la impresión y permaneció quieta. Inclino la cabeza hacia atrás y me miro; en su mirada pude notar, algo de asombro y terror. Movió su mano hacia mis brazos y con el tacto, mi piel se erizo. Creo que iba a decir algo, pero no se lo permití. Moví mis brazos con agilidad y bruscamente, tome su cuello entre ellos. La apreté con fuerza y ella comenzó a lloriquear y toser. Le planté un beso y aleje mi brazo de su cuello. Y de igual manera, saque mi arma con tal rapidez y la coloque en su cabeza. Paloma no podía hablar debido a que mi otro brazo seguía en su cuello. Sonidos raros provenían de su garganta, gritos de auxilio tal vez. Apreté el gatillo y mi camisa blanca se tiño de rojo. Vi la expresión de su rostro. Enmudecí. Ella estaba tirada en el suelo y yo me mantenía de pie mirándola. Totalmente inerte. No sé por cuando tiempo permanecí en la misma posición, hasta que por fin desperté de mi shock y me incline hacia Paloma. Acaricie su cabeza consecutivamente y la recargue contra la pared. Le di un beso en su mejilla y me dispuse a marcharme.

No tengo idea de cómo llegue a este callejón, sólo camine sin rumbo fijo, sumido en mis pensamientos. El cielo comprendía cómo me sentía. Lloraba por mí, por Paloma;  por lo que había hecho y por lo que iba a hacer. Sin basilar tome mi pistola y quede mirándola por unos momentos. Mire al cielo y dije: “Espérame Paloma, estaré ahí en poco tiempo.”

Coloque mi arma sobre mi cabeza, emboce una sonrisa y cerré los ojos. Mi trabajo había terminado.

0 comentarios:

Publicar un comentario

By. Viridiana Gallardo. Con la tecnología de Blogger.

Followers

About Me

Mi foto
Viridiana Belikov ♠
Ver todo mi perfil

Jake

Jake

BMO

BMO

Finn

Finn

Marceline

Marceline

Princesa Grumosa

Princesa Grumosa

Leyendo :D

Leyendo :D

Páginas vistas en total

Yukari

Yukari

Nana & Ren

Nana & Ren

Time

Seguidores

Copyright © Rosas azules florecen en la tienda departamental del canibalismo. -Black Rock Shooter- Powered by Blogger - Designed by Johanes Djogan