Posted by : Viridiana Belikov ♠ jueves, 18 de abril de 2013


Desperté malhumorada. Como siempre. Mi madre empezó a gritar, mi papá sólo se concentró en el periódico del día y mi hermana con lo lame suelas que es, seguramente ya se había ido a la escuela sin esperarme. No tenía transporte ese día. Tuve que tomar el autobús, no era una muy buena opción, pero no me quedaba de otra. Recibí un mensaje de Rodrigo, mi novio. Nada bueno podría ser. Habíamos estado peleando desde hacía dos semanas sin descanso. Veía el fin de nuestra relación. Pero no me importaba, después de todo, sólo era costumbre. “La verdad no sé qué carajo te pasa, ¿te has quedado dormida de nuevo, no? Esta vez no te ayudaré con lo que pierdas de clase.” Decía el mensaje de Rodrigo. Me importaba poco, ya no soportaba que continuara con ello. Llegue a la parada de autobuses y espere casi 10 minutos en que uno decente pasara. Una vez arriba, vi la misma historia de siempre: la típica pareja que va discutiendo, una anciana con la bolsa del mandado, un chico guapo que por alguna razón nunca se sienta aunque haya lugares desocupados, una pareja de ancianos que se les ve enamorados aun, otro leyendo un libro, otra escuchando música con la mirada perdida… en fin, las mismas tipo de personas de siempre, sólo diferente rostro. Me senté del lado de la ventana, abrazaba mi mochila y me recargue en la misma con tal de dormir un poco. Pero los malditos baches existían. Voltee hacia fuera de la ventana, un tipo alto de traje le hizo la parada al autobús y subió. Se sentó en la primera fila y se recargo entre sus brazos. Volví a ver hacia afuera de la ventana.
– ¿Karen? ¿Karen eres tú? –.
Gire la cabeza para ver quién era el que hablaba en voz alta. Era el tipo de traje quien hablaba por teléfono. – ¡Oh por dios! ¡Que milagro que llam…! No, no me salgas con eso, ¿Cómo que donde está el bendito anillo? No, haber… se suponía que hace un mes ya te lo habías llevado todo, ¿Por qué no me avisaste que irías a la casa? –.
 Aquel hombre parecía tener problemas en casa. El resto de los pasajeros (incluyéndome), con ansia de escuchar problemas ajenos dejaron de lado lo que hacían para poder prestarle más atención a la conversación.
–De verdad que eres terrible, tratas de no verme, te comprendo. Mira, estoy en el autobús, no tardó en llegar, pero por favor sólo espera… ¿Cómo que no tienes tiempo? Ni voy a tardar tanto, estoy a 10 minutos de la casa… óyeme, no… ¿Crees que me hace gracia que sólo vengas por un tonto anillo? ¡Hablemos como dos adultos maduros! … No, no me hace ninguna gracia, ¿Crees que es divertido no poder comprarle algo a mi hijo para navidad? A ti no te importa un carajo, sólo quieres tu anillo y torturarme con lo mismo de siempre hasta hartarme. ¿Sabes que me dijo tu hijo? Que ya no quería los tacos deportivos que le había regalado en su cumpleaños porque tu amiguito le había regalado unos de marca, ¡De marca! … No, no utilizo a nuestro hijo, ¡Te quieres calmar! –.
El chico que iba con su pareja comenzó a reír por la conversación, su novia aun enojada lo miro con rabia y le dijo que se callará para poder seguir escuchando.
– ¿Que te ayude a buscar el anillo? ¿Desde aquí? … ok, mira en la mesilla de noche. Oye… me gustaría pasar la navidad con ustedes, ¡nosotros tres! Digo, a nadie le gusta pasar navidad solo… y sería la primera que la paso así… no, el 24 no puedo, tengo trabajo, pero el 25 sí pue… ¡Te digo que es un trabajo! ¿Pues de donde creías que los mantenía? Mira, tuve un día muy duro, lo último que quiero es discutir contigo, esa batalla ya la perdí hace tiempo, ¿no crees? Checa el resto de los cajones, debe estar por ahí. Oye, hoy hace un año, ¿te acuerdas? ¡No! ¡No es chantaje! ¿Con quién más me desahogo si no es contigo mujer? En verdad necesitamos hablar… ¡oye! ¿Me oyes? ¡Karen! –.
Mala suerte, pasamos por un túnel, y se veía algo largo. Vamos… apresúrese chofer. Los pasajeros se inquietaron un poco, bueno, al menos ya se veía que llegaríamos al final del túnel.
– ¿Karen? Por un momento creí… sí, ya sé que la habitación esta desordenada pero eso a ti no te importa ¿no? Da igual… sí ya sé que no hemos parado de discutir, pero igual no me das otra oportunidad. Las cosas se hablan, jamás quise hacerte daño. –.
La pareja que iba peleada se miraron entre sí. Se dieron un abrazo y ella quedo recargada en el hombro de él. Lograron reconciliarse gracias a la inconciencia del hombre de traje.
– ¡Joder Karen! ¡Una bendita tregua es todo lo que te pido! Te hablo de corazón… ¡Que no es la misma historia de siempre! Después de tantos años… uno se da cuenta de lo imbécil que ha sido, en todos los sentidos. Tampoco te estoy diciendo que pases el resto de tu vida a mi lado, eso ya se lo he pedido al padre y ve como terminamos. Sólo te pido esta noche… por favor. –.
El hombre se quedó callado un momento, creí que lloraba, la mujer detrás de mí le pedía a su marido bajar del bus, era su parada. Pero su marido le pidió que se quedaran, quería saber que pasaba con este pobre sujeto. Por extrañas razones, yo igual quería saberlo. Problemas como ese, no eran comunes, y menos escucharlo en un autobús. Debía de estar desesperado.
– No quiero rogarte, de verdad que no, sólo quiero contarte porque vale la pena darnos una última oportunidad. Esta noche… por favor… ¿segura? Entonces déjame decirte que no te escondes nada bien. Esta mañana al levantarme… y darme cuenta de que te habías ido… me acerque a la ventana y vi tu coche estacionado en la esquina. Esperabas a que me fuera, ¿no es así? Déjalo, escucha… ¿sabes por qué creo en nosotros todavía? Porque estoy seguro que no has dejado de pensar en mi cuando viste la foto en la mesilla de noche. Fue nuestra noche de bodas en el restaurante que tanto te gustaba. Nos la pasamos de maravilla ese día. Dime que no te ha traído buenos recuerdos. Yo sé que aún me quieres, así que no me puedo creer que sólo hayas vuelto por un anillo barato. El único valor que tiene es el de que no te los has puesto ni una sola vez, por el simple hecho de que hace 27 años te dije que a una mujer hermosa no le hacían  falta esas cosas. Por cierto, si tanto quieres el anillo, está en el baño, en el botiquín detrás del espejo. ¿Sigues ahí? No llores… ya casi he llegado… tranquila… no llores… –.
El bus quedo en completo silencio. La anciana que traía la bolsa del mandado había comenzado a llorar por la pena de aquel hombre. Una lágrima se asomaba en mis ojos. No alcanzaba a entender el dolor de ese pobre hombre. Me puse a pensar sobre mis problemas sentimentales y los suyos. No eran para nada comparados. Este hombre se levantó, había llegado a su destino. Continuaba con su celular en la mano. Se sujetó de un tubo, y se quedó ahí de pie. Después se dio la vuelta, nos miró con los ojos brillosos, y despego su mano de su oído. No había ningún celular.
– Buenos días, señoras y señores. Lo que acaban de oír, es un bonito final. Un bonito final que debería haber tenido mi historia en la vida real. Desgraciadamente, uno sólo puede recrear lo que paso de la manera en que le hubiera gustado que pasara. Mi mujer me abandono hace ya 3 años. De mi hijo no sé nada. Mi ex-esposa no me deja verlo. Ahora soy actor, pero no tengo trabajo.  Y por circunstancias de la vida, me veo en una difícil situación económica. Les suplico una pequeña ayuda en cambio de esta pequeña interpretación que les presente humildemente. Les agradezco de todo corazón su bella voluntad, y espero que les haya gustado. Muchísimas gracias. –.
No soporte más el llanto, y aquella lágrima rodo por mi mejilla. Él camino por el pasillo con la esperanza de que alguien lo ayudara. La mayoría le dio dinero. Yo no pude darle nada. Cuando paso por mi lugar, solo me dijo “tranquila, aun eres joven y bella.” Me sonrió, le sonreí. Pero su sonrisa era muy melancólica. Bajo del autobús por la parte trasera. Mire por la ventana, quedo en la espera de subir a un nuevo bus. Y con ello así, poder contar de nuevo su trágica historia.

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¿En qué creo? En todo lo que vive y respira. ¿En qué creo? En lo que puedo ver. ¿En qué creo? En mí. - Frederica Bernkastel

La historia del bus.


Desperté malhumorada. Como siempre. Mi madre empezó a gritar, mi papá sólo se concentró en el periódico del día y mi hermana con lo lame suelas que es, seguramente ya se había ido a la escuela sin esperarme. No tenía transporte ese día. Tuve que tomar el autobús, no era una muy buena opción, pero no me quedaba de otra. Recibí un mensaje de Rodrigo, mi novio. Nada bueno podría ser. Habíamos estado peleando desde hacía dos semanas sin descanso. Veía el fin de nuestra relación. Pero no me importaba, después de todo, sólo era costumbre. “La verdad no sé qué carajo te pasa, ¿te has quedado dormida de nuevo, no? Esta vez no te ayudaré con lo que pierdas de clase.” Decía el mensaje de Rodrigo. Me importaba poco, ya no soportaba que continuara con ello. Llegue a la parada de autobuses y espere casi 10 minutos en que uno decente pasara. Una vez arriba, vi la misma historia de siempre: la típica pareja que va discutiendo, una anciana con la bolsa del mandado, un chico guapo que por alguna razón nunca se sienta aunque haya lugares desocupados, una pareja de ancianos que se les ve enamorados aun, otro leyendo un libro, otra escuchando música con la mirada perdida… en fin, las mismas tipo de personas de siempre, sólo diferente rostro. Me senté del lado de la ventana, abrazaba mi mochila y me recargue en la misma con tal de dormir un poco. Pero los malditos baches existían. Voltee hacia fuera de la ventana, un tipo alto de traje le hizo la parada al autobús y subió. Se sentó en la primera fila y se recargo entre sus brazos. Volví a ver hacia afuera de la ventana.
– ¿Karen? ¿Karen eres tú? –.
Gire la cabeza para ver quién era el que hablaba en voz alta. Era el tipo de traje quien hablaba por teléfono. – ¡Oh por dios! ¡Que milagro que llam…! No, no me salgas con eso, ¿Cómo que donde está el bendito anillo? No, haber… se suponía que hace un mes ya te lo habías llevado todo, ¿Por qué no me avisaste que irías a la casa? –.
 Aquel hombre parecía tener problemas en casa. El resto de los pasajeros (incluyéndome), con ansia de escuchar problemas ajenos dejaron de lado lo que hacían para poder prestarle más atención a la conversación.
–De verdad que eres terrible, tratas de no verme, te comprendo. Mira, estoy en el autobús, no tardó en llegar, pero por favor sólo espera… ¿Cómo que no tienes tiempo? Ni voy a tardar tanto, estoy a 10 minutos de la casa… óyeme, no… ¿Crees que me hace gracia que sólo vengas por un tonto anillo? ¡Hablemos como dos adultos maduros! … No, no me hace ninguna gracia, ¿Crees que es divertido no poder comprarle algo a mi hijo para navidad? A ti no te importa un carajo, sólo quieres tu anillo y torturarme con lo mismo de siempre hasta hartarme. ¿Sabes que me dijo tu hijo? Que ya no quería los tacos deportivos que le había regalado en su cumpleaños porque tu amiguito le había regalado unos de marca, ¡De marca! … No, no utilizo a nuestro hijo, ¡Te quieres calmar! –.
El chico que iba con su pareja comenzó a reír por la conversación, su novia aun enojada lo miro con rabia y le dijo que se callará para poder seguir escuchando.
– ¿Que te ayude a buscar el anillo? ¿Desde aquí? … ok, mira en la mesilla de noche. Oye… me gustaría pasar la navidad con ustedes, ¡nosotros tres! Digo, a nadie le gusta pasar navidad solo… y sería la primera que la paso así… no, el 24 no puedo, tengo trabajo, pero el 25 sí pue… ¡Te digo que es un trabajo! ¿Pues de donde creías que los mantenía? Mira, tuve un día muy duro, lo último que quiero es discutir contigo, esa batalla ya la perdí hace tiempo, ¿no crees? Checa el resto de los cajones, debe estar por ahí. Oye, hoy hace un año, ¿te acuerdas? ¡No! ¡No es chantaje! ¿Con quién más me desahogo si no es contigo mujer? En verdad necesitamos hablar… ¡oye! ¿Me oyes? ¡Karen! –.
Mala suerte, pasamos por un túnel, y se veía algo largo. Vamos… apresúrese chofer. Los pasajeros se inquietaron un poco, bueno, al menos ya se veía que llegaríamos al final del túnel.
– ¿Karen? Por un momento creí… sí, ya sé que la habitación esta desordenada pero eso a ti no te importa ¿no? Da igual… sí ya sé que no hemos parado de discutir, pero igual no me das otra oportunidad. Las cosas se hablan, jamás quise hacerte daño. –.
La pareja que iba peleada se miraron entre sí. Se dieron un abrazo y ella quedo recargada en el hombro de él. Lograron reconciliarse gracias a la inconciencia del hombre de traje.
– ¡Joder Karen! ¡Una bendita tregua es todo lo que te pido! Te hablo de corazón… ¡Que no es la misma historia de siempre! Después de tantos años… uno se da cuenta de lo imbécil que ha sido, en todos los sentidos. Tampoco te estoy diciendo que pases el resto de tu vida a mi lado, eso ya se lo he pedido al padre y ve como terminamos. Sólo te pido esta noche… por favor. –.
El hombre se quedó callado un momento, creí que lloraba, la mujer detrás de mí le pedía a su marido bajar del bus, era su parada. Pero su marido le pidió que se quedaran, quería saber que pasaba con este pobre sujeto. Por extrañas razones, yo igual quería saberlo. Problemas como ese, no eran comunes, y menos escucharlo en un autobús. Debía de estar desesperado.
– No quiero rogarte, de verdad que no, sólo quiero contarte porque vale la pena darnos una última oportunidad. Esta noche… por favor… ¿segura? Entonces déjame decirte que no te escondes nada bien. Esta mañana al levantarme… y darme cuenta de que te habías ido… me acerque a la ventana y vi tu coche estacionado en la esquina. Esperabas a que me fuera, ¿no es así? Déjalo, escucha… ¿sabes por qué creo en nosotros todavía? Porque estoy seguro que no has dejado de pensar en mi cuando viste la foto en la mesilla de noche. Fue nuestra noche de bodas en el restaurante que tanto te gustaba. Nos la pasamos de maravilla ese día. Dime que no te ha traído buenos recuerdos. Yo sé que aún me quieres, así que no me puedo creer que sólo hayas vuelto por un anillo barato. El único valor que tiene es el de que no te los has puesto ni una sola vez, por el simple hecho de que hace 27 años te dije que a una mujer hermosa no le hacían  falta esas cosas. Por cierto, si tanto quieres el anillo, está en el baño, en el botiquín detrás del espejo. ¿Sigues ahí? No llores… ya casi he llegado… tranquila… no llores… –.
El bus quedo en completo silencio. La anciana que traía la bolsa del mandado había comenzado a llorar por la pena de aquel hombre. Una lágrima se asomaba en mis ojos. No alcanzaba a entender el dolor de ese pobre hombre. Me puse a pensar sobre mis problemas sentimentales y los suyos. No eran para nada comparados. Este hombre se levantó, había llegado a su destino. Continuaba con su celular en la mano. Se sujetó de un tubo, y se quedó ahí de pie. Después se dio la vuelta, nos miró con los ojos brillosos, y despego su mano de su oído. No había ningún celular.
– Buenos días, señoras y señores. Lo que acaban de oír, es un bonito final. Un bonito final que debería haber tenido mi historia en la vida real. Desgraciadamente, uno sólo puede recrear lo que paso de la manera en que le hubiera gustado que pasara. Mi mujer me abandono hace ya 3 años. De mi hijo no sé nada. Mi ex-esposa no me deja verlo. Ahora soy actor, pero no tengo trabajo.  Y por circunstancias de la vida, me veo en una difícil situación económica. Les suplico una pequeña ayuda en cambio de esta pequeña interpretación que les presente humildemente. Les agradezco de todo corazón su bella voluntad, y espero que les haya gustado. Muchísimas gracias. –.
No soporte más el llanto, y aquella lágrima rodo por mi mejilla. Él camino por el pasillo con la esperanza de que alguien lo ayudara. La mayoría le dio dinero. Yo no pude darle nada. Cuando paso por mi lugar, solo me dijo “tranquila, aun eres joven y bella.” Me sonrió, le sonreí. Pero su sonrisa era muy melancólica. Bajo del autobús por la parte trasera. Mire por la ventana, quedo en la espera de subir a un nuevo bus. Y con ello así, poder contar de nuevo su trágica historia.

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