Posted by : Viridiana Belikov ♠ jueves, 12 de julio de 2012


Regresaba de mi trabajo, ya muy tarde por la noche, alrededor de las 23 horas. Manejaba en calma y muy lentamente. Sin prisa alguna. El camino estaba desolado. Baje un poco la ventana para respirar aire fresco y entro una brisa muy refrescante. Encendí la radio y se escuchaba “Alex on the spot” de Hans Zimmer. “Nada mal”. Pensé. Y mis pensamientos fueron interrumpidos por una silueta delante mío. Desvié el auto por instinto y casi se provoca un derrape. Por un momento pensé que era un fantasma o algo por el estilo pero no. Era un “alguien”. Baje del auto, enfadado, por ver quien había sido el “animal” que se atravesó de esa manera. ¿Y qué me encontré? Una chica de tez blanca tirada en el suelo llorando. Muy linda por cierto. No se veía ni más grande ni más chica que yo. Tenía una belleza inigualable. Cabello negro, tez blanca, un cuerpo que con sólo verlo me provocaba una sensación erótica y por la forma en que iba vestida, me provocaba arrancarle la ropa. Me le quede mirando unos momentos y en ningún momento me vio. “Esto es una broma”. Me di la vuelta y me dispuse a marcharme. Subí a mi auto y acelere. Di una última vista hacia atrás y ella seguía ahí. “No gires, no gires, no gires”. Dije para mí. Y… joder. Termine dando vuelta. Dejarla ahí seria un asesinato. Otro cabron que pasase no la vería y ella terminaría muerta. Me estacione a unos pasos de ella, la mire y ella me miro de vuelta.  Sin articular palabra, la tome por los brazos y ella algo confundida, sólo se limito a observarme. La senté en los asientos de atrás y me dirigí hacia mi asiento.

Conduje apenas unos 5 minutos, y ella aun no articulaba palabra. La veía por el retrovisor y ella mantenía la cabeza baja. Supongo que estaba asustada. ¿Y quién no lo estaría? Que alguien que estuvo a punto de matarte te recoja y no sepas hacia donde te lleve, sí esta cañón.
                -Llegaremos a Cuenca en media hora. ¿Vives por allá? – Asintió con la cabeza y me miro fijamente. ¿Acaso era muda o qué? Por otro lado, ¿Qué hacia caminando en medio de la nada y vestida como prostituta? Hubo un semáforo en rojo y me detuve. Aproveche para seguir hablando con ella. –Bueno cuando lleguemos quiero que me digas por donde está tu casa y…
-Rebecca… Me llamo Rebecca. –Comenzó a hablar ella y no aparto la vista del retrovisor.
-“Vaya forma de interrumpirme”, pensé.  -Un placer. Soy el detective Asael Monteverde.
-¿Asael Monteverde? ¿Enserio eres tú? ¡No puedo creerlo! ¡Cuánto tiempo! Quizás tu no me recuerdes pero yo sí, ¡Íbamos juntos en la preparatoria!
-¿Es enserio? No me digas que tú eras esa chica tan tímida que siempre se sentaba en la parte de atrás como marginada social. Es la única Rebecca que recuerdo.
-Hmph, pues sí, soy esa “chica marginada social” que dices. ¿Enserio era tan amargada?
-Algunas veces. ¿Sabes? No te habría reconocido de no haber sido por qué me lo recordaras. Has cambiado mucho, bueno me refiero físicamente.
-Y de ti, ni que decir. Que ahora seas un detective, si es algo que no me esperaba. Y menos de ti.
-De acuerdo… no preguntare la razón. –Rebecca soltó una carcajada y giro la cabeza hacia la ventana.
-Antes de llevarte a tu casa, te llevare al hospital, puede que te haya pasado algo cuando frene frente a ti.
-No, no. No es necesario. Estoy bien. Sólo quiero irme a mi casa. – Volví a verla por el retrovisor y en su mirada se notaba nostalgia, tristeza. Busco entre su bolso y saco un cigarrillo. No dude en estirarme para ofrecerle fuego para su cigarrillo. El olor de este inundo el coche y termine por fumarme uno también. El semáforo por fin se puso en verde y continúe el camino. Volví a mirarla por el retrovisor y podría jurar que una lagrima rodaba por su mejilla. –Quizás esto no sea de mi conveniencia, pero nunca he tolerado ver a una mujer como tu llorar. ¿Ocurrió algo? ¿Algo por lo que hubieras perdido la razón y por consecuencia caminaras en medio de la carretera?
-Tonterías simplemente. – Dijo a la vez que le dio un golpe a su cigarrillo y se mantuvo así por unos instantes. Solté una carcajada y continúe.
-¿Tonterías dices? De haberlo sido no estuvieras llorando. –Medito mis palabras, miro hacia fuera de la ventana y empezó a hablar.
-Estando en el antro de la ciudad… mi novio cree que puede aprovecharse de mí sólo porque tiene dinero. Incluso cree que por tenerlo puede serme infiel cuando se le pegue la gana. –En su tono de voz se notaba que estaba furiosa con aquel hombre. Y por otro lado, ¿Cómo podía hacerle eso a tan semejante mujer? Que marica parece ser.
-Pero me imagino que aun sigues con él ¿no? Quiero decir, muchas mujeres perdonan esa clase de estupideces de un hombre. –Me miro desconcertada y elevando su tono de voz, prosiguió.
-¿Seguir con él? ¡Dejarlo creo que fue lo mejor que pude haber hecho! Haber continuado con este tipo, me habría privado del resto de mi vida con tan sólo 23 años.
-¡23 años! Aun siendo un año mayor que tu, no pareces de esa edad. Te vez por lo menos de unos 20 años.
 -Me alagas, pero no es para tanto. – Solté una segunda carcajada y la mire a los ojos por el retrovisor. De igual forma, ella soltó una pequeña risita y me miro de igual manera. -Al menos aun conservas tu sentido del humor y no te has vuelto un amargado como muchos.
-¿Debería decir gracias? –Rio un poco y mantuvo una sonrisa en su cara por un buen rato. –Bueno, ya llegamos a Cuenca. Dime por donde está tu casa y llegaremos pronto.
El resto del camino fue bastante callado. No hablamos más. Sólo para decirme las indicaciones. Llegamos a su casa y su mirada se oscureció.
                -Bien… aquí quedamos Rebecca. –Me miro una vez más y abrió un poco sus labios y suspiro.
-¿Quieres pasar un rato? –La mire sorprendido. Me pasme un momento y con un movimiento de cabeza, accedí.

Entramos a su apartamento y en el aire había un ligero aroma a incienso.  Me invito a sentarme y ella fue a otra habitación. Cuando regreso, traía consigo un par de copas y un vino tinto. Platicamos un largo rato. Dieron la 1 de la mañana y seguíamos en vela.
                -Creo que ya es hora de que me vaya, me esperan. –Ella me miro con sus ojos verdes y comenzó a tartamudear algo, pero no entendí nada. Rebecca estaba ya pasada de copas y no tenía idea de que decía. Y también yo. Nos levantamos del sillón al tiempo y uno de sus tacones altos se atoro en la alfombra y se balanceo hacia mí. La sostuve contra mi pecho. Tenía un poco la vista nublada pero no lo suficiente para no dejarme ver su rostro sonrojado. Sus ojos verdosos me miraron una vez más y yo hice lo mismo. Y en un leve movimiento, la bese. Fue un beso largo, húmedo y profundo. No nos despegamos ni un instante sólo para respirar por la falta de aire. Nos encontrábamos sólo ella, yo, y aquella alfombra tan esponjosa bajo nuestro. Lentamente descendimos hacía el suelo quedando en cuclillas, y por último, sentados muy cerca, uno del otro. Transcurrieron los minutos y la ropa fue sobrando. Nuestros cuerpos cálidos estaban demasiado juntos y cada caricia de ella me volvía loco. No tengo idea de cuántos orgasmos le provoque ni sé cuántos orgasmos me provocó. La embestí repetidas veces hasta llegar al clímax de aquel acto.

Terminamos acostados en la alfombra cubiertos con un par de sábanas que Rebeca saco de un baúl. Encendió otro cigarrillo y yo imite la misma acción. Su reloj de pared indicaba las 2:30 am y aún así, todavía tenía la energía para seguir despierto junto a ella. Seguíamos hablando como si nada hubiese pasado.
                 -Sí, si tengo esposa. Pero con mi trabajo casi no paso tiempo en casa, apenas sí la veo y siento que estamos a un paso del divorcio. No tenemos hijos así que sería fácil.
-¿No te sientes sólo? ¿En el aspecto sentimental?
-La verdad es que sí, pero no puedo hacer nada, me la paso muy ocupado. Yo, si volviese a formar otra relación, dejaría mi trabajo por ella, o al menos solicitaría un puesto de medio tiempo. -Embozo una sonrisa y aspiro con fuerza el cigarrillo. Dirigió su mirada hacía el suelo y hablo.
-Te seré honesta, me gusto estar contigo,  a pesar de que sólo llevamos unas horas de estar juntos después de tanto. -Me alegre de oír eso y le plantee un beso más. -Después de esto... ¿Tú tendrías alguna relación sentimental conmigo? -Mi sonrisa se hizo más grande y afirme.
-Por supuesto. Sucesos como éste no suceden todos los días. -Vi un brillo en sus ojos y me abrazo. Era raro todo esto. No creía posible que fuese realidad.
-Hay una última cosa que quiero hacer.
-¿Y eso es?
-Mi anterior novio dijo que regresaría arrastrándome a sus pies. Quiero demostrarle que estaba equivocado. -En su mirada se notaba que estaba decidida a afrontarlo. Me ofrecí a llevarla ahora mismo y acepto.

El reloj marcaba las 3:07 am. Ahora sí se sentía el aire bastante frío. Subimos al auto y esta vez Rebecca se sentó en la parte de adelante. Encendió el radio y no pude reconocer la canción pero era demasiado lenta.
               -Y dime, ¿Cómo es tu esposa? ¿Cómo se llama?
-Cinthya. Es del tipo de mujeres que quieren que hagas todo lo que te dice. No le interesaba saber sobre mi trabajo y sin embargo me cuestionaba demasiado sobre éste; que sí porque me había metido en un asunto, porque ayude a ésas personas, que quien era Lucia (es la secretaria de la oficina) y cosas como esas. Con el paso de los años perdió el interés en todo ello y comenzó a distanciarse de mí. A veces he creído que me ha sido infiel. -Rebecca me escuchaba con mucha atención y veía en sus ojos que quería saber más.
-¿Cuánto tienen de casados?
-3 años aproximadamente. Al principio todo iba bien pero ya sabes, el tiempo lo mata todo.
-Pero siempre llegarán más personas a tu vida. -Me sonrió y le devolví la sonrisa. Vi el antro frente a mí e iba a estacionarlo, cuando se me ocurrió preguntar:
-Acerca del que era tu novio, ¿Cómo sabías que te engañaba? -Dije al tiempo que estacionaba mi Volvo C30. Lo estacione entre dos autos. Nos quedamos dentro del auto un momento más y al fin Rebecca hablo:
-Lo vi ayer en la noche. Dijo que él se había enamorado de verdad de esa mujer. Le grite y ella lo defendió. Terminamos y me di la vuelta. Y escuché como le decía a ella "la conozco, va a volver arrastrándose por mí". Me molesto demasiado.
-¿Y estás segura que aún está el aquí?
-Completamente. -Se veía segura así que definitivamente debía estar aquí.
Bajamos de mi auto y nos dirigimos a la entrada. En cadenero nos permitió el acceso y entramos al bar. Rebecca me tomo de la mano mientras buscaba a éste tipo.
-¡Oh! Ahí está -Señaló hacía la barra y me quedé pasmado. Aquel hombre besaba a una mujer de cabellos azabaches y ella lo abrazaba del cuello. ¿Era enserio?
-Bien, vamos Asael. -Dio un tirón de mi brazo y yo me mantuve en el mismo lugar. Rebecca me miro desconcertada y trato de ver en la misma dirección donde yo miraba. Miraba aquella mujer que él besaba. -¿Ocurre algo? -Y con algo de rudeza, respondí:
-Esa es mi esposa.

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¿En qué creo? En todo lo que vive y respira. ¿En qué creo? En lo que puedo ver. ¿En qué creo? En mí. - Frederica Bernkastel

El Detective


Regresaba de mi trabajo, ya muy tarde por la noche, alrededor de las 23 horas. Manejaba en calma y muy lentamente. Sin prisa alguna. El camino estaba desolado. Baje un poco la ventana para respirar aire fresco y entro una brisa muy refrescante. Encendí la radio y se escuchaba “Alex on the spot” de Hans Zimmer. “Nada mal”. Pensé. Y mis pensamientos fueron interrumpidos por una silueta delante mío. Desvié el auto por instinto y casi se provoca un derrape. Por un momento pensé que era un fantasma o algo por el estilo pero no. Era un “alguien”. Baje del auto, enfadado, por ver quien había sido el “animal” que se atravesó de esa manera. ¿Y qué me encontré? Una chica de tez blanca tirada en el suelo llorando. Muy linda por cierto. No se veía ni más grande ni más chica que yo. Tenía una belleza inigualable. Cabello negro, tez blanca, un cuerpo que con sólo verlo me provocaba una sensación erótica y por la forma en que iba vestida, me provocaba arrancarle la ropa. Me le quede mirando unos momentos y en ningún momento me vio. “Esto es una broma”. Me di la vuelta y me dispuse a marcharme. Subí a mi auto y acelere. Di una última vista hacia atrás y ella seguía ahí. “No gires, no gires, no gires”. Dije para mí. Y… joder. Termine dando vuelta. Dejarla ahí seria un asesinato. Otro cabron que pasase no la vería y ella terminaría muerta. Me estacione a unos pasos de ella, la mire y ella me miro de vuelta.  Sin articular palabra, la tome por los brazos y ella algo confundida, sólo se limito a observarme. La senté en los asientos de atrás y me dirigí hacia mi asiento.

Conduje apenas unos 5 minutos, y ella aun no articulaba palabra. La veía por el retrovisor y ella mantenía la cabeza baja. Supongo que estaba asustada. ¿Y quién no lo estaría? Que alguien que estuvo a punto de matarte te recoja y no sepas hacia donde te lleve, sí esta cañón.
                -Llegaremos a Cuenca en media hora. ¿Vives por allá? – Asintió con la cabeza y me miro fijamente. ¿Acaso era muda o qué? Por otro lado, ¿Qué hacia caminando en medio de la nada y vestida como prostituta? Hubo un semáforo en rojo y me detuve. Aproveche para seguir hablando con ella. –Bueno cuando lleguemos quiero que me digas por donde está tu casa y…
-Rebecca… Me llamo Rebecca. –Comenzó a hablar ella y no aparto la vista del retrovisor.
-“Vaya forma de interrumpirme”, pensé.  -Un placer. Soy el detective Asael Monteverde.
-¿Asael Monteverde? ¿Enserio eres tú? ¡No puedo creerlo! ¡Cuánto tiempo! Quizás tu no me recuerdes pero yo sí, ¡Íbamos juntos en la preparatoria!
-¿Es enserio? No me digas que tú eras esa chica tan tímida que siempre se sentaba en la parte de atrás como marginada social. Es la única Rebecca que recuerdo.
-Hmph, pues sí, soy esa “chica marginada social” que dices. ¿Enserio era tan amargada?
-Algunas veces. ¿Sabes? No te habría reconocido de no haber sido por qué me lo recordaras. Has cambiado mucho, bueno me refiero físicamente.
-Y de ti, ni que decir. Que ahora seas un detective, si es algo que no me esperaba. Y menos de ti.
-De acuerdo… no preguntare la razón. –Rebecca soltó una carcajada y giro la cabeza hacia la ventana.
-Antes de llevarte a tu casa, te llevare al hospital, puede que te haya pasado algo cuando frene frente a ti.
-No, no. No es necesario. Estoy bien. Sólo quiero irme a mi casa. – Volví a verla por el retrovisor y en su mirada se notaba nostalgia, tristeza. Busco entre su bolso y saco un cigarrillo. No dude en estirarme para ofrecerle fuego para su cigarrillo. El olor de este inundo el coche y termine por fumarme uno también. El semáforo por fin se puso en verde y continúe el camino. Volví a mirarla por el retrovisor y podría jurar que una lagrima rodaba por su mejilla. –Quizás esto no sea de mi conveniencia, pero nunca he tolerado ver a una mujer como tu llorar. ¿Ocurrió algo? ¿Algo por lo que hubieras perdido la razón y por consecuencia caminaras en medio de la carretera?
-Tonterías simplemente. – Dijo a la vez que le dio un golpe a su cigarrillo y se mantuvo así por unos instantes. Solté una carcajada y continúe.
-¿Tonterías dices? De haberlo sido no estuvieras llorando. –Medito mis palabras, miro hacia fuera de la ventana y empezó a hablar.
-Estando en el antro de la ciudad… mi novio cree que puede aprovecharse de mí sólo porque tiene dinero. Incluso cree que por tenerlo puede serme infiel cuando se le pegue la gana. –En su tono de voz se notaba que estaba furiosa con aquel hombre. Y por otro lado, ¿Cómo podía hacerle eso a tan semejante mujer? Que marica parece ser.
-Pero me imagino que aun sigues con él ¿no? Quiero decir, muchas mujeres perdonan esa clase de estupideces de un hombre. –Me miro desconcertada y elevando su tono de voz, prosiguió.
-¿Seguir con él? ¡Dejarlo creo que fue lo mejor que pude haber hecho! Haber continuado con este tipo, me habría privado del resto de mi vida con tan sólo 23 años.
-¡23 años! Aun siendo un año mayor que tu, no pareces de esa edad. Te vez por lo menos de unos 20 años.
 -Me alagas, pero no es para tanto. – Solté una segunda carcajada y la mire a los ojos por el retrovisor. De igual forma, ella soltó una pequeña risita y me miro de igual manera. -Al menos aun conservas tu sentido del humor y no te has vuelto un amargado como muchos.
-¿Debería decir gracias? –Rio un poco y mantuvo una sonrisa en su cara por un buen rato. –Bueno, ya llegamos a Cuenca. Dime por donde está tu casa y llegaremos pronto.
El resto del camino fue bastante callado. No hablamos más. Sólo para decirme las indicaciones. Llegamos a su casa y su mirada se oscureció.
                -Bien… aquí quedamos Rebecca. –Me miro una vez más y abrió un poco sus labios y suspiro.
-¿Quieres pasar un rato? –La mire sorprendido. Me pasme un momento y con un movimiento de cabeza, accedí.

Entramos a su apartamento y en el aire había un ligero aroma a incienso.  Me invito a sentarme y ella fue a otra habitación. Cuando regreso, traía consigo un par de copas y un vino tinto. Platicamos un largo rato. Dieron la 1 de la mañana y seguíamos en vela.
                -Creo que ya es hora de que me vaya, me esperan. –Ella me miro con sus ojos verdes y comenzó a tartamudear algo, pero no entendí nada. Rebecca estaba ya pasada de copas y no tenía idea de que decía. Y también yo. Nos levantamos del sillón al tiempo y uno de sus tacones altos se atoro en la alfombra y se balanceo hacia mí. La sostuve contra mi pecho. Tenía un poco la vista nublada pero no lo suficiente para no dejarme ver su rostro sonrojado. Sus ojos verdosos me miraron una vez más y yo hice lo mismo. Y en un leve movimiento, la bese. Fue un beso largo, húmedo y profundo. No nos despegamos ni un instante sólo para respirar por la falta de aire. Nos encontrábamos sólo ella, yo, y aquella alfombra tan esponjosa bajo nuestro. Lentamente descendimos hacía el suelo quedando en cuclillas, y por último, sentados muy cerca, uno del otro. Transcurrieron los minutos y la ropa fue sobrando. Nuestros cuerpos cálidos estaban demasiado juntos y cada caricia de ella me volvía loco. No tengo idea de cuántos orgasmos le provoque ni sé cuántos orgasmos me provocó. La embestí repetidas veces hasta llegar al clímax de aquel acto.

Terminamos acostados en la alfombra cubiertos con un par de sábanas que Rebeca saco de un baúl. Encendió otro cigarrillo y yo imite la misma acción. Su reloj de pared indicaba las 2:30 am y aún así, todavía tenía la energía para seguir despierto junto a ella. Seguíamos hablando como si nada hubiese pasado.
                 -Sí, si tengo esposa. Pero con mi trabajo casi no paso tiempo en casa, apenas sí la veo y siento que estamos a un paso del divorcio. No tenemos hijos así que sería fácil.
-¿No te sientes sólo? ¿En el aspecto sentimental?
-La verdad es que sí, pero no puedo hacer nada, me la paso muy ocupado. Yo, si volviese a formar otra relación, dejaría mi trabajo por ella, o al menos solicitaría un puesto de medio tiempo. -Embozo una sonrisa y aspiro con fuerza el cigarrillo. Dirigió su mirada hacía el suelo y hablo.
-Te seré honesta, me gusto estar contigo,  a pesar de que sólo llevamos unas horas de estar juntos después de tanto. -Me alegre de oír eso y le plantee un beso más. -Después de esto... ¿Tú tendrías alguna relación sentimental conmigo? -Mi sonrisa se hizo más grande y afirme.
-Por supuesto. Sucesos como éste no suceden todos los días. -Vi un brillo en sus ojos y me abrazo. Era raro todo esto. No creía posible que fuese realidad.
-Hay una última cosa que quiero hacer.
-¿Y eso es?
-Mi anterior novio dijo que regresaría arrastrándome a sus pies. Quiero demostrarle que estaba equivocado. -En su mirada se notaba que estaba decidida a afrontarlo. Me ofrecí a llevarla ahora mismo y acepto.

El reloj marcaba las 3:07 am. Ahora sí se sentía el aire bastante frío. Subimos al auto y esta vez Rebecca se sentó en la parte de adelante. Encendió el radio y no pude reconocer la canción pero era demasiado lenta.
               -Y dime, ¿Cómo es tu esposa? ¿Cómo se llama?
-Cinthya. Es del tipo de mujeres que quieren que hagas todo lo que te dice. No le interesaba saber sobre mi trabajo y sin embargo me cuestionaba demasiado sobre éste; que sí porque me había metido en un asunto, porque ayude a ésas personas, que quien era Lucia (es la secretaria de la oficina) y cosas como esas. Con el paso de los años perdió el interés en todo ello y comenzó a distanciarse de mí. A veces he creído que me ha sido infiel. -Rebecca me escuchaba con mucha atención y veía en sus ojos que quería saber más.
-¿Cuánto tienen de casados?
-3 años aproximadamente. Al principio todo iba bien pero ya sabes, el tiempo lo mata todo.
-Pero siempre llegarán más personas a tu vida. -Me sonrió y le devolví la sonrisa. Vi el antro frente a mí e iba a estacionarlo, cuando se me ocurrió preguntar:
-Acerca del que era tu novio, ¿Cómo sabías que te engañaba? -Dije al tiempo que estacionaba mi Volvo C30. Lo estacione entre dos autos. Nos quedamos dentro del auto un momento más y al fin Rebecca hablo:
-Lo vi ayer en la noche. Dijo que él se había enamorado de verdad de esa mujer. Le grite y ella lo defendió. Terminamos y me di la vuelta. Y escuché como le decía a ella "la conozco, va a volver arrastrándose por mí". Me molesto demasiado.
-¿Y estás segura que aún está el aquí?
-Completamente. -Se veía segura así que definitivamente debía estar aquí.
Bajamos de mi auto y nos dirigimos a la entrada. En cadenero nos permitió el acceso y entramos al bar. Rebecca me tomo de la mano mientras buscaba a éste tipo.
-¡Oh! Ahí está -Señaló hacía la barra y me quedé pasmado. Aquel hombre besaba a una mujer de cabellos azabaches y ella lo abrazaba del cuello. ¿Era enserio?
-Bien, vamos Asael. -Dio un tirón de mi brazo y yo me mantuve en el mismo lugar. Rebecca me miro desconcertada y trato de ver en la misma dirección donde yo miraba. Miraba aquella mujer que él besaba. -¿Ocurre algo? -Y con algo de rudeza, respondí:
-Esa es mi esposa.

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